domingo, 10 de abril de 2011

Mio

La vida es dolorosa. Continuamente y por mucho que tratemos de evitarlo siempre acabamos haciendo daño a alguien, o nos hacen daño a nosotros. A veces nos lo merecemos, a veces no, a veces sufrimos por amor, otras por orgullo y otras por amistad. Porque en la vida hay épocas en las que perdemos a amigos, muere gente a la que queremos, te deja tu novio o te detectan una enfermedad grave. El mundo que nos rodea siempre nos va a dar palos, nos hacemos daño una y otra vez, y no podemos evitarlo. Pero podemos levantarnos siempre que caemos, podemos mirar al futuro con optimismo, podemos pedir ayuda, podemos demostrarle al mundo que por mucho daño que nos hagan siempre se puede superar. Solo hace falta ser valientes. Y no hay que equivocarse pensando que ser valientes significa no tener miedo. Todos tenemos miedo, unos al compromiso, al dolor físico, a la soledad y otros a la oscuridad. Pero también todos tenemos en nuestra mano la capacidad de superar cada uno de nuestros miedos. Y en eso consiste en ser valiente, en enfrentarnos a todo lo que nos asusta, porque por mal que salga, siempre será mejor que no haberlo intentado. Y cuando todo pase solo queda olvidar. Las heridas, si no te matan, cicatrizan, antes o después. Y cuando te agobies pensando en tu pasado, en los errores que cometiste, en las personas que perdiste, el daño que hiciste y que te hicieron, el amor no correspondido, las infidelidades, las enfermedades, el dolor, la muerte... no intentes pararlo, porque no podrás. Porque al pensar en olvidarte de ello ya lo estas recordando. Pero vive siempre con la esperanza de saber, que un día te despertaras y el dolor se habrá ido, solo queda desear que sea más pronto que tarde. Pero el dolor pasará, te lo prometo.

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