martes, 8 de febrero de 2011

La promesa que cambió mi vida. Cap 4

Con toda la mañana por delante y muchas cosas que hacer Ángela siguió buscando información sobre Niamey y el transporte hasta allí, el cambio de moneda y algunos hoteles.
A la hora de comer bajo al gran comedor familiar y en silencio y junto a su familia comenzó a comer. Puchero y filete de pollo empanado para un frío día de invierno. Durante la comida los temas de conversación fueron banales. Algunos incidentes del día en la empresa de su padre, la conversación con la pescadera de mi madre, cualquier cosa menos mi viaje. Hasta que cuando acabamos de comer la fruta mi padre me paso un abultado sobre por encima de la mesa.
-Para tus gastos en Niamey, espero que sea suficiente para el primer mes, y sabes que si lo necesitas puedes pedir más, pero no derroches, últimamente no nos sobra el dinero.
Ángela abrió el sobre para echar una ojeada. Relucientes billetes de quinientos euros desfilaban antes sus ojos, ahí podría haber casi diez mil euros, más dinero del que había visto junto en efectivo jamás. A pesar de todo musitó un simple gracias, se levantó, beso a sus padres en la mejilla y se fue a su habitación, sabía que era la reacción que sus padres esperaban.
Se duchó y se vistió. Vaqueros, camiseta del algodón y un jersey ancho. Sencilla pero guapa de todas formas. Un poco de brillo en los labios y a la calle.
Llega puntual, como siempre y aún debe esperar diez minutos hasta que Pablo aparece a paso rápido entre la poca gente que se atreve a pasear un frío martes de enero, tarde, como siempre. Cuando el va a besarla como saluda ella se aparta. El se extraña pero lo deja estar, comienzan a caminar.
-Pablo, tengo que contarte algo muy importante, y quiero que sepas que lo hago como amiga, cualquier relación más allá de eso se ha acabado, y por favor no montes un numerito ni me supliques que volvamos, ambos sabemos que esto nunca ha sido real.
-Pero...
-Asique déjame contarte todo antes de hablar.- Y como había hecho esa misma mañana le contó la historia de una huérfana que hizo una promesa infantil que se empeña en cumplir. Cuando ella acaba el parece no saber qué decir, no se esperaba todo eso. Bajo la apariencia de mujer fuerte, segura y ante todo feliz no podía imaginarse una infancia tan cruel, tanta belleza no podía haber pasado por eso.
-Ángela, no sabía... Nunca pude imaginar... – Las palabras salían a trompicones de su boca, no sabía muy bien que decir.- Supongo que espero que tengas mucha suerte en tu viaje, me encantaría acompañarte, pero supongo que no quieres que lo haga...
-No, la verdad es que no Pablo.- Y entonces le acarició la cara- Nunca dudes que te quiero Pablo, aunque no de la forma que tu esperas. De verdad eres mi mejor amigo, eres el único que conoce mi historia, bueno, aparte de mis padres...adoptivos.
-Yo sí que te quiero, aunque supongo que ya sabes de qué forma, aunque en el fondo siempre supe que no me correspondías de ese modo. Bueno, ya no sé qué decir... Que tengas mucha suerte y, espero que volvamos a vernos pronto.
Se abrazan, se despiden y se separan. Uno con el corazón roto y una lágrima asomando de su mejilla, la va a echar de menos. La otra cargada de ilusiones y con una radiante sonrisa de dientes blanquísimos, aunque el pequeño dolor de separarse de un amigo también la acompañe. 

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