martes, 8 de febrero de 2011

Cap 6 (mh)

En otra ocasión.
-Hoy me gustaría que habláramos de un tema, de la muerte. Es algo que pronto experimentaré, me gustaría saber cómo será. ¿Tú eres médico no? ¿Físicamente cómo será? ¿Duele?
-No. La morfina calmará el dolor. Solo te sentirás cada vez más cansado, se te cerraran los ojos, y entonces pasará, ni siquiera te darás cuenta.
-Bueno, la verdad es que eso es un alivio. Aunque creo que realmente siempre lo supe. Si la muerte es cómo un descanso del dolor que pasamos en vida, tenía sentido que acabara sin dolor. Bueno, para mí será más que eso, porque volveré con ella. De eso estoy seguro. Nunca he estado tan seguro de algo, nunca. Voy a volver a verla, lo sé.
Y entonces llegó el día 31 de diciembre, fin de año. Cómo era de los nuevos le tocó la guardia de esa fecha, una verdadera putada.
Decidió pasar las uvas en la habitación de Jaime, era la mejor compañía. Ya que no se sentía muy cómoda con sus  compañeros después de lo que había pasado con Fer.
Y comenzaron a sonar las campanadas, una tras otra. Y ella no pudo ver en Jaime, sino un hombre desesperado, deseando ver a su amor, pero también vio en él el miedo, el miedo a una muerte, a la que todos, por alguna razón oculta tanto tememos, incluso él que tanto confiaba en que hubiera algo más, por ella... Mar. Eso era él para ella, el mar. El mar de Cádiz, la ciudad que amaba, un mar del mismo color que esos ojos azules tan intensos.
 Y por supuesto veía en él, a un hombre que sabe que será su último cambio de año, el último. Y sin embargo nunca lo había visto llorar, era fuerte, cómo una roca.
Y pocas horas más tarde, el primer día del año, a las 17:58 el murió, el día 1 de enero Jaime se fue. Bea se sentía morir, realmente lo estaba pasando mal, porque iba a echar de menos a ese hombre, el único con el que fue sincera del todo, con el que a pesar de que apenas podía moverse se sentía a salvo, segura. Sería más correcto decir que había sido para ella como un padre. Pero la verdad es que ella, se había enamorado de Jaime, en tan solo unos días. Lo había amado, pero sabía que tenía que terminar, el había muerto y aunque lo había querido intensamente durante un par de semanas no era su gran amor, lo hubiera sabido. Supo, que nunca le olvidaría.
A las 17:58 Bea estaba con él, Jaime se fue tomándole la mano a Bea, y justo antes de cerrar los ojos ella lo besó, un beso suave. Y el sonrió, y cerró los ojos. Murió con una sonrisa en la cara y por primera vez vio a alguien morir sin miedo, ni un poco. Echaría mucho de menos esos ojos azules. Y salió al pasillo, mientras las lágrimas caprichosas corrían veloces por sus mejillas, rompiéndose en el borde de sus labios rojos. Y entonces se encontró con Miguel. Ahora no, pensó. No quería que la viera así, tan indefensa, cómo un animal herido. Sin una palabra él la abrazó, ni siquiera le preguntó porque, para ella tampoco hubiera sido cómodo contárselo, no en ese momento. Y Miguel la estrechó entre sus brazos, tratando de aliviar el dolor con el calor de su cuerpo, cuando ella consiguió reponerse se separaron. Él le acarició la mejilla, despejando una última lágrima rebelde.
-No llores mi amor. Estoy aquí.
-Gracias, tengo que irme. Enserio gracias, eres un buen amigo.
Y se fue corriendo, dejando atrás el hospital, a Miguel, a cientos de enfermos y a Jaime. Quería olvidarlo todo, empezar de cero, dejar atrás el dolor. 

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