domingo, 6 de febrero de 2011

Cap 4 (mh)

Ella se acerca, le acaricia el pelo, hay algo en el que le provoca infinita ternura, quizás el hecho de saber que le quedan pocos meses de vida.
Y ve en él lo que buscaba, un hombre verdaderamente bueno y sincero, pero que sin embargo está solo. Quizás porque la gente es demasiado egoísta como para verle sufrir, quizás ni siquiera tenga familia, quizás sencillamente lo odien por ser mejor que ellos. Y vuelve a mirarlo, ve en él a un luchador, que ha superado dos cánceres, y que ahora sabe que este será el definitivo. Y puede leer el miedo en sus ojos, el miedo a perder una vida que se le escapa sin remedio, sin poder evitarlo, y que a pesar de todo el sufrimiento sigue amando.
-Hola, Señor González. ¿Cómo se encuentra?
-Todo lo bien que se puede, dadas las circunstancias...
Siente ganas de abrazarlo, abrazar a un hombre que no conoce, pero al que ya admira. Por ser tan fuerte, por luchar, porque en ese momento él le demuestra que vale la pena luchar por lo que queremos, porque la vida puede acabarse en cualquier momento. Una enfermedad, un accidente, somos tan frágiles en realidad.
-Bueno, en ese caso creo que me iré ya, a no ser que necesite algo...
-En realidad, querría hacerle una pregunta. ¿Cree usted que hay algo después de la muerte?
-Bueno señor, no sabría decirle. Soy católica, y supongo que creo en el cielo, aunque nunca estuve segura. De lo que si estoy segura es de que tiene que haber algo más, aunque no sé exactamente qué. ¿Y usted señor? ¿Qué cree que hay después de la muerte?
-No tengo ni la menor idea, solo sé que volveré a verla, y con eso me basta. ¿Puede quedarse un rato conmigo? Me siento solo.
Y la sinceridad de esas palabras la conmueven, no puede decirle que no. Sin una palabra se sienta en la butaca al lado de su cama.
-Señor...
-Llámame Jaime por favor. Perdona mi indiscreción, y no creas que soy un pervertido, pero necesito decirlo, eres guapísima.
Ella no puede evitar sonreír, aunque no es la primera vez que lo escucha, es la primera vez que siente que no solo se refiere a su físico, y es extraño, pero le gusta.
-Bueno, Jaime. Si no es mucho pedir, cuénteme, ¿quién es ella?
-Bueno, podría decirse que ella lo es todo. O también podría decirte que solo es una mujer. Sea como sea ella cambio mi vida. Nuestro amor no fue de película, pero a mí me gusta. La conocí en la universidad. No fue amor a primera vista, ni a segunda. Ni siquiera fuimos amigos. Yo era el guay, chulito, prepotente. Me acosté con ella, para reírme con mis amigos, fui un cabrón. Ella se enfadó, pero nos volvimos a acostar, una y otra vez. Yo me avergoncé de ella, ni siquiera la quise, solo hacíamos el amor. Siempre me pregunte porque no me mandó a la mierda, el caso es que no lo hizo. Y un día borracho, mi amigo Javier, se desvió de la carretera, en una fiesta, la atropelló, ella murió en el acto. Y en ese momento me di cuenta de cuánto me importaba. Aprendí la lección más dura de mi vida, por las malas. Desde ese día, no ha habido momento en el que no haya pensado en ella, y me haya arrepentido de todo el daño que le hice. Y si pudiera tenerla delante un solo segundo, hay dos palabras que podrían resumir toda la culpa, y todo el amor que siento por ella. Si la tuviera delante, solo le diría: te quiero. Y gracias a ella, a una chica a la que humille, de la que me reí, ahora soy quién soy. Y, puede sonar un poco cínico, per verdaderamente me considero una buena persona desde entonces, he intentado enmendar todos los errores, aunque sé que no puedo. Por eso, ahora que sé que voy a morir...
-Pero, no tienes por qué morir, la medicina...
-No hace falta que lo intentes, gracias, pero sé que no hay cura, voy a morir y tengo que aceptarlo. Cuando muera, lo único que pido es volver a verla, aunque sea una sola vez más.

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