lunes, 14 de febrero de 2011

Mio

14 de febrero. 
Día de San Valentín. Un gran día para las parejas, un día normal, incluso triste para los que lo pasan solos. En mi opinión el día de San Valentín es un invento. No necesitamos un día especial para declararnos ni para hacer regalos a la persona que queremos, podemos hacerlo cualquier día. Además mucha gente lo pasa mal por estar solo, recordando a personas que ya se fueron y por pasarlo solos un año más.
Algunos piensan en el día de los enamorados y piensan ¿por qué? Yo lo que pienso es ¿por qué no? No creo que sea un día especial, y debemos demostrarle a esa persona que la queremos cada día. Pero ¿por qué no elegir un día? Un día en el que salir a cenar, reír, regalar, besar, amar. 
Puede que sea un engaño tonto, pero es bonito. Un día en el que todos nos permitimos ser románticos, recordar nuestros grandes amores y pensar en los futuros. Un día en el que hacemos los regalos más tontos y las cosas más irreflexivas, las mayores locuras y las mejores noches. 


14 de febrero, ¿por qué no decírtelo hoy? Te quiero.







domingo, 13 de febrero de 2011

Mio

Estoy harta de escuchar que los finales felices no existen, pero ¿sabes qué? Yo si creo en ellos. Yo misma estoy viviendo uno ahora mismo. ¿Por qué la gente se angustia tanto? El pasado es pasado, y el presente puede tener cosas malas, quizás te parezca que estés viviendo una pesadilla, pero siempre, siempre hay un motivo para sonreír, para seguir viviendo con ilusión. Puede ser cualquier motivo, por insignificante que sea. Una persona a la que le importes, la sensación del sol calentando tu cuerpo en verano, tu deporte favorito o el sabor de las fresas. 
Porque en este puto mundo caprichoso tenemos que ser optimistas si queremos ser capaces de sonreír. Si el mundo te da mil razones para llorar, dale mil y una para sonreír. Si te caes, pues te levantas, abraza a quien te abrace y nunca dejes ir a un buen amigo. Llora si lo necesitas, grita, desahógate y baila bajo la lluvia. Intenta hacer siempre lo que te apetezca y no sufras por quien no te valora. Porque aunque parezca imposible, acabamos olvidando a los que nos hacen daño, los cabrones tienen su merecido, las malas rachas acaban pasando y acabamos encontrando a alguien especial, y sino, pues que les den a todos por culo, tu solo sonríe. Demuéstrales que nada ni nadie puede vencer a tu sonrisa. 
3L live, love, laugh.  


si el puede hacerlo, tu también.



viernes, 11 de febrero de 2011

Mio

Él se acerca e intenta besarla. Ella se aparta.
S: ¿Qué haces Carlos?
C: Intentaba...Bueno da igual, si no quieres...
S: No entiendo porque haces esto de repente. Ya estuvimos juntos y... no funciono. Hemos hecho nuestras vidas, distintas desde entonces, ¿que te pasa?
C: Pues que a cada momento me acuerdo de ti, que he dejado a cada una de mis novias por ti, no entiendo porque no puedo olvidarte. Con Claudia me iba bien... pero le tengo demasiado cariño como para engañarla, porque no la quiero. Eres la chica más guapa, más divertida y... que mejor folla con la que he estado en toda mi vida...Te quiero, aunque a veces seas un poco neurótica, te quiero.

S: ¿Así que se trata de eso no? Es el sexo.. ¿es eso lo que quieres? Pues no lo vas a tener, yo no soy el juguete de nadie.
C: Lo ves... te digo que estoy enamorado de ti y solo te pones a pensar en que te he dicho que follas bien.. tu no estás bien.
S: Cabrón.
C: Te quiero.
S: Mentiroso.
C: Te quiero.
S: ...
Él se acerca y la besa.
C: Te quiero - Susurra, apenas un suspiro entre sus caras, tan cercanas.
S: Te quiero.





miércoles, 9 de febrero de 2011

Cap 7 (mh)

Salió, se montó en su pequeño mini rojo, regalo de sus padres al acabar la universidad y condujo, al único lugar al que supo que podía ir en ese momento, a ver el mar, a la Caleta.
Llegó, aparcó de cualquier forma y se sentó en el muro que separaba la acera de la arena, mirando al mar. Una temprana puesta de sol en el mes de enero.
Y recordó algo que le dijo Jaime.
-Mira Bea, para superar una emoción, hay que vivirla al límite. Por ejemplo, si quieres superar el dolor, deja que entre, siéntelo, llora si lo necesitas. Y después piensa, lo he sentido, no me gusta, asique lo aparto de mí. Y podrás olvidarlo y no volver a sentir dolor por ese tema.
Decidió hacerle caso. Dejo que el dolor por la muerte de Jaime la embotara. Lloró, lo echo de menos.
Y fue cuando de verdad pudo apreciar la belleza de aquel momento. Podía sentir su pelo, ligeramente alborotado por la brisa, ver los diferentes colores que teñían el cielo durante la puesta de sol, oír el susurrante ruido de las olas que rompían en la orilla... y ese olor a sal.
Y entonces pudo olvidar, el dolor se fue. Seguía echándole de menos, pero sabía que él estaba bien, con Mar, y ya no sufría.
Y en ese momento, aunque aparentemente nada hubiera cambiado, su visión de la vida cambió por completo. Tomó una decisión.
Saliendo de ese momento de paz, volvió a su pequeño mini rojo y comenzó a conducir.
Llegó a su casa, a casa de Miguel, se detuvo en la puerta. No estaba segura de lo que iba a hacer, pero sabía que tenía que hacerlo, dejarlo vivir sin pensar en ella, darle la oportunidad de olvidarla.
Dio dos suaves toques a la puerta y esperó. Entonces él le abrió, solo llevaba unos pantalones de chándal. Se había cambiado nada más llegar. Bea se dio cuenta desde que lo conocía, en tan solo unos meses su físico había mejorado, mucho. Lucía unos bonitos abdominales, el pelo un poco más corto le sentaba de miedo, y parecía que incluso estaba más moreno. Y sus ojos... seguían siendo marrones, pero la miraban con una intensidad muy muy sexy. Sin darse cuenta se mordió el labio, anhelante. Lo deseaba, muchísimo. Pero el era de otra, ninguna posibilidad.
-Eh hola Bea, ¿estás mejor? ¿qué haces aquí?
-Quería hablar contigo, Miguel...
- Pasa, pasa.
Ella, vergonzosa como nunca antes se había sentido entro en la casa, donde por fin iba a hacer lo que debería haber hecho desde un principio, volver a ser su amiga, dejarle ser feliz con Rocío, aunque sufriera por verlo con otra, el amor es ser feliz con la felicidad de la persona amada, y si él era feliz con Rocío lo aceptaba, porque lo quería, muchísimo.
Él le sonrió, expectante, se sentó a su lado. Esperando que ella comenzara a hablar.
-Miguel, nunca hemos hablado de esto. El primer día en el bar, me lo pasé muy bien. Pero ahora tú estás con Rocío. Y sé que he sido una amiga pésima. No te he hecho apenas caso, y me importas mucho aunque haya pasado poco tiempo. Bueno, que quiero que seamos amigos, bueno amigos. Quiero que estés cerca.
-¿Sabes? Quizás yo no quiero ser tu amigo. Para mí lo del bar no fue solo un rollo de una noche, me gustabas. Ya pude comprobar que yo a ti no. Y no, de hecho no quiero ser tu amigo. No quiero pasar tiempo contigo sabiendo que en cualquier momento puedes ser de otro, porque eso me mata de celos. Te quiero Bea, y no quiero ser tu amigo. Solo quiero que me dejes superar esta puta adicción a ti.
- Te quiero Miguel.
Tan solo 3 palaras, Bea pronunció tan solo 3 palabras, que en ese momento cambiaron todo.
Él la besó, sin miedo esta vez, con pasión. Ella era suya, por fin, para siempre.

martes, 8 de febrero de 2011

La promesa que cambió mi vida. Cap 4

Con toda la mañana por delante y muchas cosas que hacer Ángela siguió buscando información sobre Niamey y el transporte hasta allí, el cambio de moneda y algunos hoteles.
A la hora de comer bajo al gran comedor familiar y en silencio y junto a su familia comenzó a comer. Puchero y filete de pollo empanado para un frío día de invierno. Durante la comida los temas de conversación fueron banales. Algunos incidentes del día en la empresa de su padre, la conversación con la pescadera de mi madre, cualquier cosa menos mi viaje. Hasta que cuando acabamos de comer la fruta mi padre me paso un abultado sobre por encima de la mesa.
-Para tus gastos en Niamey, espero que sea suficiente para el primer mes, y sabes que si lo necesitas puedes pedir más, pero no derroches, últimamente no nos sobra el dinero.
Ángela abrió el sobre para echar una ojeada. Relucientes billetes de quinientos euros desfilaban antes sus ojos, ahí podría haber casi diez mil euros, más dinero del que había visto junto en efectivo jamás. A pesar de todo musitó un simple gracias, se levantó, beso a sus padres en la mejilla y se fue a su habitación, sabía que era la reacción que sus padres esperaban.
Se duchó y se vistió. Vaqueros, camiseta del algodón y un jersey ancho. Sencilla pero guapa de todas formas. Un poco de brillo en los labios y a la calle.
Llega puntual, como siempre y aún debe esperar diez minutos hasta que Pablo aparece a paso rápido entre la poca gente que se atreve a pasear un frío martes de enero, tarde, como siempre. Cuando el va a besarla como saluda ella se aparta. El se extraña pero lo deja estar, comienzan a caminar.
-Pablo, tengo que contarte algo muy importante, y quiero que sepas que lo hago como amiga, cualquier relación más allá de eso se ha acabado, y por favor no montes un numerito ni me supliques que volvamos, ambos sabemos que esto nunca ha sido real.
-Pero...
-Asique déjame contarte todo antes de hablar.- Y como había hecho esa misma mañana le contó la historia de una huérfana que hizo una promesa infantil que se empeña en cumplir. Cuando ella acaba el parece no saber qué decir, no se esperaba todo eso. Bajo la apariencia de mujer fuerte, segura y ante todo feliz no podía imaginarse una infancia tan cruel, tanta belleza no podía haber pasado por eso.
-Ángela, no sabía... Nunca pude imaginar... – Las palabras salían a trompicones de su boca, no sabía muy bien que decir.- Supongo que espero que tengas mucha suerte en tu viaje, me encantaría acompañarte, pero supongo que no quieres que lo haga...
-No, la verdad es que no Pablo.- Y entonces le acarició la cara- Nunca dudes que te quiero Pablo, aunque no de la forma que tu esperas. De verdad eres mi mejor amigo, eres el único que conoce mi historia, bueno, aparte de mis padres...adoptivos.
-Yo sí que te quiero, aunque supongo que ya sabes de qué forma, aunque en el fondo siempre supe que no me correspondías de ese modo. Bueno, ya no sé qué decir... Que tengas mucha suerte y, espero que volvamos a vernos pronto.
Se abrazan, se despiden y se separan. Uno con el corazón roto y una lágrima asomando de su mejilla, la va a echar de menos. La otra cargada de ilusiones y con una radiante sonrisa de dientes blanquísimos, aunque el pequeño dolor de separarse de un amigo también la acompañe. 

Cap 6 (mh)

En otra ocasión.
-Hoy me gustaría que habláramos de un tema, de la muerte. Es algo que pronto experimentaré, me gustaría saber cómo será. ¿Tú eres médico no? ¿Físicamente cómo será? ¿Duele?
-No. La morfina calmará el dolor. Solo te sentirás cada vez más cansado, se te cerraran los ojos, y entonces pasará, ni siquiera te darás cuenta.
-Bueno, la verdad es que eso es un alivio. Aunque creo que realmente siempre lo supe. Si la muerte es cómo un descanso del dolor que pasamos en vida, tenía sentido que acabara sin dolor. Bueno, para mí será más que eso, porque volveré con ella. De eso estoy seguro. Nunca he estado tan seguro de algo, nunca. Voy a volver a verla, lo sé.
Y entonces llegó el día 31 de diciembre, fin de año. Cómo era de los nuevos le tocó la guardia de esa fecha, una verdadera putada.
Decidió pasar las uvas en la habitación de Jaime, era la mejor compañía. Ya que no se sentía muy cómoda con sus  compañeros después de lo que había pasado con Fer.
Y comenzaron a sonar las campanadas, una tras otra. Y ella no pudo ver en Jaime, sino un hombre desesperado, deseando ver a su amor, pero también vio en él el miedo, el miedo a una muerte, a la que todos, por alguna razón oculta tanto tememos, incluso él que tanto confiaba en que hubiera algo más, por ella... Mar. Eso era él para ella, el mar. El mar de Cádiz, la ciudad que amaba, un mar del mismo color que esos ojos azules tan intensos.
 Y por supuesto veía en él, a un hombre que sabe que será su último cambio de año, el último. Y sin embargo nunca lo había visto llorar, era fuerte, cómo una roca.
Y pocas horas más tarde, el primer día del año, a las 17:58 el murió, el día 1 de enero Jaime se fue. Bea se sentía morir, realmente lo estaba pasando mal, porque iba a echar de menos a ese hombre, el único con el que fue sincera del todo, con el que a pesar de que apenas podía moverse se sentía a salvo, segura. Sería más correcto decir que había sido para ella como un padre. Pero la verdad es que ella, se había enamorado de Jaime, en tan solo unos días. Lo había amado, pero sabía que tenía que terminar, el había muerto y aunque lo había querido intensamente durante un par de semanas no era su gran amor, lo hubiera sabido. Supo, que nunca le olvidaría.
A las 17:58 Bea estaba con él, Jaime se fue tomándole la mano a Bea, y justo antes de cerrar los ojos ella lo besó, un beso suave. Y el sonrió, y cerró los ojos. Murió con una sonrisa en la cara y por primera vez vio a alguien morir sin miedo, ni un poco. Echaría mucho de menos esos ojos azules. Y salió al pasillo, mientras las lágrimas caprichosas corrían veloces por sus mejillas, rompiéndose en el borde de sus labios rojos. Y entonces se encontró con Miguel. Ahora no, pensó. No quería que la viera así, tan indefensa, cómo un animal herido. Sin una palabra él la abrazó, ni siquiera le preguntó porque, para ella tampoco hubiera sido cómodo contárselo, no en ese momento. Y Miguel la estrechó entre sus brazos, tratando de aliviar el dolor con el calor de su cuerpo, cuando ella consiguió reponerse se separaron. Él le acarició la mejilla, despejando una última lágrima rebelde.
-No llores mi amor. Estoy aquí.
-Gracias, tengo que irme. Enserio gracias, eres un buen amigo.
Y se fue corriendo, dejando atrás el hospital, a Miguel, a cientos de enfermos y a Jaime. Quería olvidarlo todo, empezar de cero, dejar atrás el dolor. 

lunes, 7 de febrero de 2011

Mio

No sufras por quien no sufra por ti. Echa de menos solo a aquellos que se lo merezcan. Quien merece tus lágrimas no te hará llorar. No te enamores de la persona equivocada.  
Y ahora olvida todo eso, porque casi nunca podrás cumplirlo, no podemos controlar nuestros sentimientos. 



Mio

Se acabó. Ya está, se acabó. No paro de repetírmelo pero aún no puedo creerlo. Por dios, pero si he sido yo la que lo ha dejado. ¿Entonces porqué me siento así? Como si me hubieran roto el alma, noto una especie de vacío. No de los que te duelen en la barriga ni de los que notas en el corazón, sino ese vacío que sientes cuando pierdes a un ser querido. Un vacío que se siente en todo el cuerpo, te crea un nudo en la garganta y no te deja pensar en otra cosa. ¿Es que acaso te sigo queriendo? Pero si yo estaba convencida de que no... Por eso te deje... ¿O fue acaso porque sabía que tu ibas a hacerlo y quise adelantarme? ¿Por qué no soy capaz de confesarles ni a mis amigas lo mal que me siento, las ganas que tengo de llorar? Por vergüenza, por orgullo, que se yo, lo típico. Antes pensaba que estaba mal, que es de falso fingir estar bien cuando no lo estás. Pero hace poco escuche que es de valientes sonreír cuando el corazón llora. Y ahora lo entiendo todo, porque es más fácil conseguir estar feliz con una sonrisa en la cara, a veces es necesario empezar la casa por el tejado. Por eso y aunque aún te quiero más de lo que me gustaría admitir voy a convencerme de que puedo cambiar el mundo con una sola sonrisa, porque a estas alturas creo que me merezco ser feliz. 

Mio

Y aún sigo sin saber porque me siento tan bien cuando me abrazas, porque me siento viva cuando las yemas de tus dedos acarician mi piel, porque cuando tus labios rozan mi boca siento que puedo volar... y sobre todo, ¿por qué tú? El único que nunca me hará sentir así, porque al fin y al cabo todo es un sueño, el primero de mi vida, mi primer amor, un amor imposible.


La promesa que cambió mi vida. Cap 3

Quería pediros ayuda para cumplir una promesa que me hice hace muchos años, y que es muy importante para mí.- Y procedió a contarles su historia. Nunca antes se la había narrado. Desde que llegó a Cádiz nunca había hablado con sus padres adoptivos de su vida anterior, no quería hacerlo. Ellos tampoco la presionaron demasiado, no querían hacerle recordar aquellos años de su vida en los que tan mal lo había pasado. Durante la narración sus padres permanecieron callados, escuchando expectantes pero sin que ninguna expresión cruzara su rostro. Ángela los miro fijamente. Su madre, María vestía un bonito camisón de seda que se ajustaba a su delgado cuerpo y una bata anudada a la cintura. Estaba sentada con las piernas cruzadas y miraba a su hija, y en sus ojos marrón miel podía verse un atisbo de ternura. A pesar de la temprana hora su pelo estaba ya elegantemente recogido en un moño tirante en la nuca, que le daba un aspecto severo a su rostro. Su padre vestía también un clásico pijama de cuadros y una bata rojiza que le hacía parecer imponente. Sus marcadas facciones hacían de él un hombre atractivo a pesar de sus 62 años, al igual que su pelo, no del todo blanco pero canoso. Unos grandes ojos verdes parecían mirar siempre con severidad, pero un observador atento podía ver con facilidad un brillo de emoción cuando miró a su hija.
-Hija, sabes que siempre te apoyaremos, ¿pero no crees que es un poco precipitado?- Esta vez fue su madre quien habló. Con una voz más grave de la que predecía su frágil aspecto, pero aún así suave.
-Madre, tiene que ser ahora. Siento que tengo que hacer algo y los niños no pueden esperar. Solo pienso en cómo es la vida allí, y siento que no puedo esperar ni un día más para ponerme en marcha. Si no me apoyáis marcharé igualmente, tengo que hacerlo, por ellos, pero también por mí, y por la niña que un día fui.
-Está bien, si de  verdad es lo que quieres... Pero ten mucho cuidado por favor, ya sabes que es un sitio peligroso...- Susurro su madre, no muy convencida.
Su padre, hombre de pocas palabras asintió con la cabeza y continuó leyendo el periódico como si nada hubiera sucedido. A los pocos instantes su madre también dio un sorbo al café y siguió desayunando. Era su forma de dar por zanjada la conversación. Ángela supo que no había más que decir y se levantó de la mesa para dirigirse a su cuarto.
Subió las escaleras de caracol y anduvo por el espacioso pasillo hasta su habitación, al fondo del corredor. Su cuarto estaba pintado de marrón desvaído y en la parte más alejada de la puerta un gran ventanal con vistas al mar arrojaba luz sobre una cama en el lateral derecho de la habitación. La cama era de matrimonio, pero de las más pequeñas. Con un soporte de madera y un grueso colchón de látex y sábanas combinadas de marrón claro, oscuro y beige. Un viejo escritorio de tradición familiar estaba lleno de guías de medicina y tochos de apuntes. En sus pequeños cajones contenía material de escritorio, y pequeños objetos personales. Y un ordenador portátil sobresalía entre todo aquel caos. Lo encendió para informarse de su viaje a Niamey. Inmediatamente un par de alarmas saltaron en la pantalla. Su amiga Sara le hablaba por msn.
Sara: Hey, ¿dónde estás? Estoy en la clase de anatomía con don Francisco, ¿por qué no has venido?
Ángela: Puff... Es una larga historia, ya te contaré. Aunque no sé si voy a tener tiempo, mañana me voy a Niamey.
Durante unos minutos nadie contestó. Sara estaría confundida. Todos sus amigos sabían que era adoptada, como delataba su bronceada piel, aunque no fuera negra, ni siquiera mulata, era más oscura de lo habitual. Pero también todos sabían que ella evitaba hablar de su vida allí.
Sara: ¿Y eso? No sabía que estuvieras interesada en volver, ya sabes por todo el tema de...
Ángela: Sí lo sé, ni siquiera yo me lo esperaba, pero me voy, es importante y tengo que hacerlo lo más rápido posible.
Sara: Bueno, tengo que irme, te llamo mañana a ver si me explicas un poco de que va esto. tk
Y cuando se dispone a cerrar sesión una nueva alerta, Pablo.
Pablo: Hola amor, ¿qué haces hoy?
Lo había olvidado. Pablo era su medio novio. No estaban enserio, pero no porque el no quisiera, era Ángela la que no estaba muy segura. Se sentía bien con él, pero también se sentía bien con su padre. Era su mejor amigos, simpático y atractivo, pero no sentía nada especial por él, el amor tenía que ser algo más, algo que nunca había sentido pero que tanto anhelaba. Su belleza exótica había atraído a multitud de hombres, pequeños rollos que no pasaron de un mes, ya que ella terminaba cansándose de ellos, antes o después. Pablo era el único con el que estaba durando un poco más, casi cinco meses ya, pero ella no lo quería, aunque él se empeñara en creer que sí. Ni siquiera había pensado en él al decidir irse a Niamey.
Ángela: Pablo, tenemos que hablar, es urgente. ¿Nos vemos a las 5 en la plaza de San Antonio?
-Mejor voy directamente a tu casa y así podemos ir a tu cuarto... Tengo ganas de abrazarte.
-No, no es eso de lo que quiero que... hablemos. En la plaza de San Antonio a las 5, no llegues tarde.
-Vale, me voy amor. Te quiero.
No puedo decir lo mismo- pensó Ángela, aunque no lo escribió, habría sido demasiado brusco.

La promesa que cambió mi vida. Cap 2

Aún recuerdo aquel día. Volvíamos de arar en el huerto de unos vecinos a cambio de un par de nairas. Entonces, de repente y sin previo aviso Aba se desplomó, golpeándose fuertemente en la cabeza, pero sin llegar a sangrar. La verdad es que esto no me impresionó demasiado, con una dieta como la que llevábamos no era la primera niña a la que veía desmayarse. Intente ayudarla levantándole los pies y procurando darle aire, no podía hacer mucho más ya que el pozo más cercano se encontraba a un kilómetro de distancia. Al ver que no reaccionaba fui corriendo a llamar al director que la cogió en brazos y la llevo a su diminuto despacho donde intento reanimarla como pudo. Era inútil, Aba murió en el mismo momento en el que tocó el suelo. En ese mismo momento, cuando me aseguré de que Aba estaba realmente muerta me hice una promesa. Dedicaría mi vida a salvar a gente como Aba, a sacarla de aquellos orfanatos donde malvivían como podían para intentar darles una vida mejor.
Al día siguiente fue mi doceavo cumpleaños, y un matrimonio español que visitaba la ciudad con un safari se fijo en mí y decidió adoptarme. Era la cosa más maravillosa que me había pasado en la vida. Que adopten a una niña de doce años es raro, pero encima en un orfanato como ese y con el aspecto que ofrecía... No es que fuera fea, pero estaba en los huesos y tenía la cara demacrada, además de estar cubierta por una capa de suciedad. Pero el milagro ocurrió, un día después de la promesa que me hice y como por arte de magia salí de ese agujero para pasar a tener una vida llena de lujos en una bonita y antigua casa palacio gaditana.
Después de un giro tan radical continué mi vida, me adapte rápido y con ayuda de un profesor particular conseguí incorporarme al instituto un año más tarde. Aprendí con rapidez, ya que siempre tuve una mente despierta. Así al cumplir los veinticinco años ya había acabado una carrera en medicina y empezaba a realizar el MIR en un hospital cercano a mi casa al que iba caminando cada mañana. Un día, de camino, que pasaba al lado del mar vi una patera. Más de cuarenta hombres, mujeres y niños extremadamente delgados, empapados y sucios vestidos con harapos temblaban de frío en una helada mañana de enero mientras unos enfermeros de la cruz roja intentaban ayudarlos y taparlos con mantas. Entonces recordé algo. Una promesa que me hice muchos años atrás, cuando solo tenía doce años. Yo había prometido ayudar a huérfanos con problemas en Niamey y sin embargo a mis veinticinco años me había dedicado a disfrutar de mi nueva y lujosa vida sin haber llegado a hacer nada por niños como yo que tanto sufren. Supongo que porque una parte de mi quería olvidarse de aquella etapa de mi vida, pero no era una excusa. Y me decidí a cumplirla, en ese mismo momento. Volvía mi casa, dónde mis padres aún en pijama leían el periódico y desayunaban. Ambos mostraban un porte elegante, serenos y seguros de sí mismos. Con la mirada profunda, no solían mostrar sus sentimientos. Eran gente seria y formal, de las de antes. La habían educado siempre estrictos pero con la mejor intención, de verdad la querían como a una hija.
-Padres, quiero pediros algo.
-¿Y bien? Cuéntanos hija que es lo que quieres y lo tendrás, siempre  cuando sea algo razonable claro.

Cap 5 (mh)

Y una lágrima de emoción recorrió su mejilla. Tenía delante a un hombre que había sido malo, repugnante y sin embargo se había convertido en una buena persona, como hay pocas, por amor. Y sus ojos azules, la miraban fijamente a los ojos, intentando transmitir un sentimiento tan grande como lo era el sufrimiento de haberle hecho daño a ella, su amor, al que nunca olvidó. Y ya solo quedaba una pregunta por hacer.
-¿Cómo se llamaba?
-Mar..., se llamaba Mar. Mar, cómo el mar en el que pediré que se esparzan mis cenizas, en el mar de Cádiz.
Bea, se sentía tan confusa. Apenas podía creer de qué manera se había sincerado con él, un extraño. Y no sabía por qué. Ya que estaban, una pregunta más.
-¿Y nunca amó a ninguna otra mujer? Era usted muy joven cuando ella... No sé, pudo enamorarse de otra.
-Claro que sí, he amado a muchas mujeres. Incluso me he casado con una de ellas, y la quiero, de verdad la amo. Pero no es lo mismo. En la vida podemos enamorarnos muchas veces, cientos de veces. ¿Pero el amor de tu vida? Ese no se olvida nunca, es para siempre y solo hay uno, y ella fue mi gran amor.
Ella no supo que decir entonces, se quedo callada, mirándolo. Se sentía tan confusa, se retiro el pelo de la cara, distraída. Absorta en las palabras de Jaime, un desconocido, que se había sincerado de forma sorprendente con ella.
-Sabes- siguió Jaime- Cuando encuentres a esa persona, no la dejes escapar. No seas cobarde. Porque nos da miedo, nos da miedo a confiar, pero debes hacerlo para ser feliz. Y solo suele haber una oportunidad, yo la cague, intenta no hacerlo tú.

Y durante los siguientes días ella iba a visitarlo a la habitación. Se escapaba siempre que podía y hablaban, el le daba consejos, de verdad hablaba como un sabio. Y ella disfrutaba mucho escuchándolo. Pero su voz era más débil cada día. Bea casi podía ver cómo iba muriendo, lenta pero inexorablemente.
Compartieron conversaciones, incluso se escapo alguna risa. Y un día ella le contó todo. Sergio, lo mal que lo pasó. La noche con Miguel. Lo que después hizo con Fer. Se desahoga. Llora. Jaime se acerca y atrapa una lágrima que cae por su mejilla.
-Bea, no debes llorar. ¿Por qué te arrepientes de lo que hiciste? Sabes, yo siempre he pensado que arrepentirse es de tontos, porque no podemos sentirnos mal por algo, que cuando lo hicimos, nos pareció lo correcto. Además, hay dos tipos de errores, los que no tienen solución y los que se resolverán solos, con el tiempo. Por lo que no debemos preocuparnos. Asique tranquila, además, tu error es de los que se arregla solo. Porque el amor, siempre gana, bueno, casi siempre.
Y este simple razonamiento consiguió sosegarla, consolarla.
Y muchas más charlas en aquella triste habitación, que apenas algún que otro familiar visitaba semanalmente.
-Bea, en cada momento de nuestra vida, la más mínima relación que establecemos con una persona ya es una historia. Incluso cuando le pagamos al pizzero. Nuestra vida se compone de historias, la mayoría pequeñas, algunas grandes que ocupan toda nuestra vida. Hay historias tristes, alegres, miedosas, divertidas, graciosas, aburridas, simples, complejas, hirientes. Y yo no me he perdido ninguna, y tú deberías hacer lo mismo. Vive todas las emociones, porque es tan importante haber reído como haber llorado, porque todas esas emociones nos hacen como somos y debemos  experimentarlas todas. Porque igual que creo que una vida sin amor es muy triste, también una vida sin haber sentido nunca dolor es incompleta.

domingo, 6 de febrero de 2011

Mi nueva historia: La promesa que cambio mi vida Cap 1

Siempre me planteé escribir esta historia pero no lo había hecho hasta hoy. No es un día especial, no ha pasado nada importante ni he tenido un accidente que haya cambiado mi vida, simplemente tenía ganas de escribir mi historia, hoy, ¿por qué no?  Y un gran dilema, por dónde empezar, supongo que estaría bien aclarar quién soy. Lo primero es lo primero y como en cualquier presentación lo primero es el nombre: me llamo Ángela. Siempre me gustó mi nombre, sobre todo por lo que significa para mí. Ahora, a mis 40 años vivo en Nueva York, aunque solo desde hace unos meses y por trabajo. Esta ciudad me encanta, aunque espero volver pronto a Cádiz, donde de verdad me siento en casa, aunque en realidad no nací allí, sino en Niamey, Níger. La gente se extraña de mi nombre, que no corresponde con el lugar en el que nací, se debe a que ese nombre me lo pusieron mis padres adoptivos, que nunca fueron capaces de pronunciar mi nombre. En parte se lo agradezco, porque aquel nombre me evoca parte de mi vida que no recuerdo con mucha alegría.
Todos se preguntan injusta-, pero comprensiblemente como ha podido llegar alguien nacido en Níger, donde más de dos tercios de la población sufren pobreza a vivir en un maravilloso ático en Nueva York, supongo que la única explicación es que sencillamente tuve suerte. Bueno os contaré como empezó todo.
No tengo ni idea de dónde nací exactamente ni quienes son mis padres. Mis recuerdos comienzan en un pequeño orfanato de la capital donde me acogieron y me dejaron vivir como pudieron. Los pequeños detalles que aún guardo de mi edad más temprana no son muy agradables. Aún me acompañan en mis peores pesadillas cadáveres de niños desnutridos y las palizas que me pegaron en algún que otro intento de robo que no puedo justificar pero de los que no me arrepiento. Cuando no se tiene para comer robar un poco de pan no puede considerarse algo tan malo. Pero mi alma infantil se empapaba de las cosas bellas de la vida y tan bien como esas malas experiencias recuerdo también tardes pasadas bajo el sol, juegos de niños y amigos en el orfanato. Al igual que la vocación con la que el joven dueño de la casa de acogida nos daba todo lo que podía poner a nuestro alcance, sin importarle aparentemente sumirse en la misma pobreza que los demás niños. Aún así muchos niños morían por desnutrición y otras enfermedades causadas por nuestra precaria situación. Aunque todas las muertes causaban en mi dolor la peor fue la de mi amiga Aba, su nombre significaba nacida el jueves, el único dato que el director tenía de ella y al que le debía su nombre. 

Cap 4 (mh)

Ella se acerca, le acaricia el pelo, hay algo en el que le provoca infinita ternura, quizás el hecho de saber que le quedan pocos meses de vida.
Y ve en él lo que buscaba, un hombre verdaderamente bueno y sincero, pero que sin embargo está solo. Quizás porque la gente es demasiado egoísta como para verle sufrir, quizás ni siquiera tenga familia, quizás sencillamente lo odien por ser mejor que ellos. Y vuelve a mirarlo, ve en él a un luchador, que ha superado dos cánceres, y que ahora sabe que este será el definitivo. Y puede leer el miedo en sus ojos, el miedo a perder una vida que se le escapa sin remedio, sin poder evitarlo, y que a pesar de todo el sufrimiento sigue amando.
-Hola, Señor González. ¿Cómo se encuentra?
-Todo lo bien que se puede, dadas las circunstancias...
Siente ganas de abrazarlo, abrazar a un hombre que no conoce, pero al que ya admira. Por ser tan fuerte, por luchar, porque en ese momento él le demuestra que vale la pena luchar por lo que queremos, porque la vida puede acabarse en cualquier momento. Una enfermedad, un accidente, somos tan frágiles en realidad.
-Bueno, en ese caso creo que me iré ya, a no ser que necesite algo...
-En realidad, querría hacerle una pregunta. ¿Cree usted que hay algo después de la muerte?
-Bueno señor, no sabría decirle. Soy católica, y supongo que creo en el cielo, aunque nunca estuve segura. De lo que si estoy segura es de que tiene que haber algo más, aunque no sé exactamente qué. ¿Y usted señor? ¿Qué cree que hay después de la muerte?
-No tengo ni la menor idea, solo sé que volveré a verla, y con eso me basta. ¿Puede quedarse un rato conmigo? Me siento solo.
Y la sinceridad de esas palabras la conmueven, no puede decirle que no. Sin una palabra se sienta en la butaca al lado de su cama.
-Señor...
-Llámame Jaime por favor. Perdona mi indiscreción, y no creas que soy un pervertido, pero necesito decirlo, eres guapísima.
Ella no puede evitar sonreír, aunque no es la primera vez que lo escucha, es la primera vez que siente que no solo se refiere a su físico, y es extraño, pero le gusta.
-Bueno, Jaime. Si no es mucho pedir, cuénteme, ¿quién es ella?
-Bueno, podría decirse que ella lo es todo. O también podría decirte que solo es una mujer. Sea como sea ella cambio mi vida. Nuestro amor no fue de película, pero a mí me gusta. La conocí en la universidad. No fue amor a primera vista, ni a segunda. Ni siquiera fuimos amigos. Yo era el guay, chulito, prepotente. Me acosté con ella, para reírme con mis amigos, fui un cabrón. Ella se enfadó, pero nos volvimos a acostar, una y otra vez. Yo me avergoncé de ella, ni siquiera la quise, solo hacíamos el amor. Siempre me pregunte porque no me mandó a la mierda, el caso es que no lo hizo. Y un día borracho, mi amigo Javier, se desvió de la carretera, en una fiesta, la atropelló, ella murió en el acto. Y en ese momento me di cuenta de cuánto me importaba. Aprendí la lección más dura de mi vida, por las malas. Desde ese día, no ha habido momento en el que no haya pensado en ella, y me haya arrepentido de todo el daño que le hice. Y si pudiera tenerla delante un solo segundo, hay dos palabras que podrían resumir toda la culpa, y todo el amor que siento por ella. Si la tuviera delante, solo le diría: te quiero. Y gracias a ella, a una chica a la que humille, de la que me reí, ahora soy quién soy. Y, puede sonar un poco cínico, per verdaderamente me considero una buena persona desde entonces, he intentado enmendar todos los errores, aunque sé que no puedo. Por eso, ahora que sé que voy a morir...
-Pero, no tienes por qué morir, la medicina...
-No hace falta que lo intentes, gracias, pero sé que no hay cura, voy a morir y tengo que aceptarlo. Cuando muera, lo único que pido es volver a verla, aunque sea una sola vez más.

jueves, 3 de febrero de 2011

Cap 3 (mh)

Y camina por las calles de una ciudad encantada, a la que llaman tacita de plata. Una ciudad de la que ella está enamorada, una ciudad en la que no nació, ni siquiera vivió hasta ahora, pero la que visitó casi cada fin de semana. Respirando ese aire con sabor a sal que tanto le gusta, la magia de unas calles que conoce como la palma de su mano de tanto recorrerlas, en las que podría guiarse por un corazón que caprichoso, parece haberse encaprichado de un desconocido, Miguel, hasta su nombre le gusta. Y casi sin darse cuenta llega a su casa, ese piso que sus padres, generosos, le alquilaron, cerca del centro, del tamaño apropiado. Unos padres que la apoyaron en sus decisiones, que la llaman y la quieren. Y está agradecida por eso.
Introduce la llave en la cerradura, con un poco de dificultad debido a esos chupitos de tequila. Al final lo consigue, llega a su habitación y se tumba sobre la cama. Se siente confusa. Está cansada, borracha, contenta, feliz, pero tiene miedo. Miedo de enamorarse de alguien a quien no conoce, de caer tan pronto en sus redes, de sufrir, como lo hizo con él.
Y lo revive, dos años antes, en la salida de las clases de la universidad. Él fue a recogerla. Ella contenta se lanza a sus brazos, está tan enamorada. Pero su mirada es diferente, ya no sonríe para ella como antes. Se da cuenta de que algo va mal, está muy frío con ella.
-¿Qué te pasa?
-Nena, tengo que decirte algo. El otro día... yo..., me acosté con Pilar y me he dado cuenta de que estoy enamorado de ella.
Y con esas palabras él rompió todo su mundo. Pilar, su mejor amiga la ha traicionado. Y no solo eso, él, se ha acostado con ella. Él, al que se entrego en cuerpo y alma al que tanto amo y al que tanto le dio. Tantos besos, abrazos, palabras de amor, noches de pasión, incluso los regalos, todo se acabó. Y ella puede sentir como se rompe su corazón, como toda su vida cambia. Por culpa de él, de Sergio. Y no tiene fuerzas ni para gritarle, ni pedirle una explicación, ni siquiera quiere pegarle. Tan solo lo mira, una última vez, y se va corriendo, intentando evitar que el vea la lágrima que ya cae por su mejilla, veloz, hacia su boca donde se funde en la comisura de sus labios. Y sale corriendo, intentando huir de una situación de la que por mucho que corra no podrá escapar.
Pero lo acabó superando, el tiempo curó el dolor, sin embargo le dejo un miedo terrible a enamorarse, a entregarse a una persona, a darle todo, que es la única forma de vivir el verdadero amor.
Y por eso estos dos años se ha dedicado a meterse en la cama de desconocidos, a beberse todo el tequila de los bares, liarse con cualquiera, casi uno cada semana, intentando ahogar el dolor, y sin verlos nunca dos veces, huyendo de sus casas cual vampiro a la salida del sol, para nunca más enamorarse. Y justo cuando decide que quiere estar sola, que con el comienzo de su nuevo trabajo dejara también su vida loca, aparece él, Miguel. Como si algún caprichoso ángel hubiera decidido jugar con ella.
Y ahora se siente perdida, no sabe qué hacer. Coge un cigarrillo de su mesilla y lo enciende, se tumba en la cama. No suele fumar, pero en una situación como está lo necesita. Da una calada, exhala el humo lentamente, que sale con sensualidad de sus labios aún más rojos que de costumbre por el maquillaje.
Y cuando acaba de fumar lo decide, se acabó todo, lo que ha pasado hoy se debe al alcohol, y yo no pienso arriesgarme con él, ni siquiera lo conozco. Se desnuda, se mete en la cama y se duerme rápido, tiene sueño, quiere dormir y olvidarse del mundo, descansar.
Y durante los tres meses siguientes, continúa con su aprendizaje, trabaja en el hotel, se hace amiga sus compañeros internos, de Marta, la enfermera y sobre todo de Fer, su médico encargado.
Ante un Miguel que no puede creer que ahora ella haga como si nada, lo trate como a los demás, sin una palabra. Lo evita, nunca se queda a solas con él. Algo que el termina por aceptar, pensando que a ella no le gusta y ya está, de todas formas está acostumbrado, no sería la primera chica que le hace ilusiones en vano. Pero no deja de pensar en ella.
Todos en el hospital se dan cuenta de que Bea y Fernando parecen más que profesor y alumna. Tienen mucha confianza, se miran, ella le habla coqueta y el ríe, le retira el pelo de la cara, ella sonríe, cual gatita en celo piensa Miguel, celoso.
A  Miguel le pone de los nervios, pero lo acaba aceptando y entonces se da cuenta de que hay otras chicas, internas muy atractivas, simpáticas, simples y divertidas. Y comienza una relación con una de ellas, Rocío. Están bien juntos y el consigue olvidar a Bea, se enamora de Rocío, y comienzan una bonita historia.
Y es entonces cuando Bea, se da cuenta de su error. De no haber arriesgado por Miguel, del que se da cuenta, se ha enamorado, pero ahora el está con Rocío, y a mí me ha dolido igual, aunque intentó evitarlo esta locamente enamorada de él. Fue tonta y se da cuenta.
Nunca debemos rechazar el amor que se nos da. Nunca debemos rechazar una historia de amor, si amamos, debemos lanzarnos, porque aunque pueda acabar y lo pasemos mal, es la única forma de experimentar la verdadera felicidad. Arriesgándonos a sufrir a cambio de ser felices, un precio bastante barato si lo miras así. Además dicen que la vida es arriesgarse.
Y entonces ese día Bea que ya no aguanta la situación, pero que es cobarde como para hablar con Miguel y decirle lo que siente y que siente su comportamiento después de esa primera noche, piensa que solo hay algo que puede hacer.
Al día siguiente. Ese día está especialmente guapa, entra en el despacho de Fer, esta rellenando un parte de defunción. Lo mira. Él la mira. Y ella se acerca. Rodea su cuello con las manos y lo besa con pasión, con rabia, casi con desesperación. Se separan, ella lo mira, ojos verdes, preciosos. Pero no siente nada al mirarlo así, de todas formas continúa. Le quita la bata, el se deja, le quita la suya, se quita su camisa. Dejando ver un abdomen perfecto, musculoso y aún bronceado, a pesar de que estén ya en diciembre. Y ella se decide, se lanza y vuelve a besarlo, y hacen el amor. Cuando sale de ese despacho se siente sucia, y quiere llorar, llorar por Miguel. Pero eso no puede ser, ese día continúa su trabajo, y llega a la habitación de un paciente terminal, cáncer con metástasis.
Se queda en la puerta observándolo, duerme. Es un hombre de unos cincuenta años, quizás demasiado joven para el suplicio que sufre. Tiene la cara demacrada y las canas pueblan su cabello, mientras una barba de tres días le hace parecer aún mayor. Está conectado a un gotero que le suministra morfina. Ella lee su historial, cáncer, inoperable, sin tratamiento. El tercero de su vida además.
Entonces el abre los ojos, de un azul como el cielo, y con voz ronca la saluda con un simple hola.

Cap 2 (mh)

Y casi como una bocanada de aire fresco llega la hora de comer. Los internos se reúnen, algunos deciden comer dentro, en la cafetería. Por otro lado Bea propone aprovechar el sol de septiembre que aún calienta las calles gaditanas. Una de las chicas se une, también el que le guiño el ojo, Santi y por supuesto el enigmático chico que antes la miraba de esa forma, Miguel.
Y comen, charlan. Hablan de todo y de nada, la universidad recién acabada, sitios de marcha, al fin y al cabo tantas cosas que su juventud les da en común. La hora de la comida acaba y todos entran.
Bea va pensando, la chica parece simpática y buena persona, Santi sin embargo parece un chulo playa, es un chico sencillo, simple, pero también sincero y espontáneo. Y por otro lado Miguel. Es el que más ha hablado en todo el tiempo. Gracioso, sabe como entretener a la gente y parece divertirse con ello, es simpático y natural y Bea se da cuenta de que comienza a parecerle interesante.
Y después de un par de horas más de aprendizaje acaban. Y entonces Sergio, uno al que Bea no conocía muy bien propone algo.
-Ey chicos, ¿por qué no salimos a tomar algo? Para celebrar que hemos sobrevivido al primer día.- Se atreve a proponer, y espera que se tomen bien tanta confianza el primer día, solo quiere llevarse bien con sus compañeros.
- Pero, entonces mañana estaremos cansados, hay que levantarse pronto.- Objeta una de las chicas con pinta de empollona.
-Oh, venga. Solo un rato, volveremos pronto.
Y cada uno vuelve a su casa, se cambia se arregla.
Bea llega a su pequeño piso, se dirige armario. ¿Qué debe ponerse? Al final elige un ajustado vestido negro y dorado, bastante corto. Le encanta ese vestido. Tacones sencillos negros, un poco de maquillaje, perfume y al bar.
Cuando llega al bar aún no han llegado todos, de hecho solo está Miguel, sentado en la barra, y Santi y Sara, la empollona, bailando en la pista. Se detiene y observa el bar. Uno de los de siempre, música, copas y por supuesto un billar. Sonríe, le gusta. Y vergonzosa, casi cohibida se acerca a la barra dónde la espera Miguel. Lleva un jersey azul y unos chinos, la verdad es que está bastante guapo, le sienta bien.
Miguel mientras tanto en la barra bebe tranquilo su cubata, ron-cola, le encanta. Lo saborea, es bueno. Y entonces la ve, entrando por la puerta. Bea. Desde el principio le ha llamado la atención, es guapa, guapísima, pero también es inteligente y divertida. Y la mira entrar. Un vestido precioso, unas piernas increíbles, unos tacones que por su altura no necesita, pero que la hacen más sexy, y un pelo que le encanta, a pesar de no ser muy voluminoso ni excesivamente largo le da a su cara un toque sensual, y ¿por qué no?, un culo precioso. Y ella se acerca, le da dos besos, huele a jazmín, le gusta.
Y poco a poco van llegando todos, charlan, beben, bailan, juegan al billar. Y comienzan los chupitos de tequila, y acaban borrachos. Entonces Miguel por fin y con ayuda del alcohol se atreve a sacar a bailar a Bea, algo que ella ya ha rechazado de unos cuantos chicos ya en el bar. Y se da cuenta de que está nervioso, expectante, y la desea.
-¿Bailamos?
Y entonces ella, sin una palabra, ayudada también por el alcohol lo coge de la mano y lo arrastra a la pista de baile. Comienzan a bailar y ella sensual se acerca, baila.
Bea, asombrada se da cuenta de que aunque apenas lo conozca él le gusta. Ni siquiera es demasiado guapo, pero le atrae y le gusta bailar con él.
Y sus caras se van acercando, sus narices parece que se acarician y se miran a los ojos. Sus labios se rozan, un leve beso y entonces él la estrecha entre sus brazos y cuando parece que comienzan a besarse con pasión, con avidez, alguien los interrumpe. Un borracho patoso se choca y los separa. El momento se acaba. Ella se ríe con timidez y se separa, vuelven con los demás, que los miran, sin saber que decir.
Deciden irse, y cada uno se encamina a su casa, alguno se ofrece a acompañarla, lo rechaza, quiere estar sola.
Y poco a poco se aleja, llevándose con ella un beso, una esperanza y quizás algo más que no quiso darle, aún no. 

miércoles, 2 de febrero de 2011

Cap 1 (mh)

 Pi Pi Pi...                                                                                                                                                     Ella, Bea. El odioso ruido del despertador la despierta. Poco a poco se incorpora, se retira los mechones de pelo castaño claro que le adornan la cara. Poco a poco sale de la cama, dejando ver dos preciosas piernas, largas, bronceadas por un sol que empieza calentar menos cada día que pasa, ya están a finales de septiembre. Ella sale de la cama, su esbelto cuerpo, cubierto apenas por una camiseta ancha está bronceado por el sol. Unos pechos de tamaño normal y barriga plana. Ojos de color marrón claro, nariz perfecta y boca de labios carnosos y de un rojo intenso. Es realmente guapa, y joven, tan solo 24 años. Entra en la ducha, se quita la camiseta y deja que las gotas de agua caliente la relajen por un rato, tiene tiempo. Esta nerviosa, hoy es su primer día de trabajo en el hospital después de una larga carrera. Después de un rato bajo el agua sale, se seca con la toalla y se dirige a la cocina aún desnuda, desayuda rápidamente, un cuenco de cereales. Vuelve al baño, se lava los dientes, y de nuevo a su cuarto. Esto le lleva un poco más de tiempo... ¿qué debe ponerse? Después de un rato opta por unos vaqueros ajustados y una blusa y, ¿por qué no? unos tacones, aunque con su metro setenta y cinco no los necesite, ni mucho menos. Sale, cierra la puerta, se pone los auriculares y camina hasta el hospital, está cerca de su casa. Le encanta caminar escuchando música, las distancias le parecen más cortas. Suena Alejandro, de Lady Gaga. Bien, piensa, música animada para empezar bien en mi trabajo.
Se detiene en la puerta, guarda el reproductor, muchas emociones. Miedo, vergüenza, pero también satisfacción por haber logrado llegar allí.
Entra en el hospital, decidida, segura, la gente camina, sin apenas darse cuenta de que esta allí, médicos que caminan con prisa, enfermeras pidiéndoles que rellenen los informes, camillas, y por supuesto pacientes. Algunos mejor, otros peor, algunos realmente graves, puede ver claramente cómo se les escapa la vida a cada segundo, y ellos ajenos al mundo permanecen con expresión ausente, sabiendo que el sufrimiento pronto acabará. Algún que otro hombre la mira, no le importa, le gusta sentirse deseada, siempre y cuando no se pasen. Y llega al mostrador. Se dirige a una enfermera joven, más o menos de su edad.
-Perdone, acabo de llegar nueva y...
-Sí claro, acompáñame. ¡Rápido!
Comienzan a caminar, Bea sigue a la enfermera por el hospital y llegan a una pequeña sala.
-Por cierto, me llamo Marta.
-Yo soy Bea, encantada.
Bea se fija más en ella. No es alta, tampoco baja, aún así lleva también tacones. Tiene unos pechos muy grandes que abultan su bata, vientre plano pero ancho y una gran mata de pelo castaño recogido en una cola. Grandes ojos marrón oscuro y un culo sensual. La verdad es que aunque no es especialmente guapa es sexy, sensual. Además, tiene pinta de facilona, piensa Bea. Pero también parece simpática, espera que lleguen a ser buenas amigas.
En la sala Marta coge una bata y se la da.
-Ten, póntela. Voy a llevarte con el médico que te han asignado.
Vuelven a salir de la sala y la lleva por un corredor. En el pasillo encuentran al médico. Alto, musculoso, bronceado y de ojos verdes, además es joven, debe tener como mucho 30 años, un sueño. Busca un anillo en su mano, no lo encuentra. Bien, es soltero, piensa. Nota como él la recorre con la mirada, sonríe dejando ver unos perfectos dientes, blanquísimos. Se estremece, es guapísimo.
-Bien, hola...
-Bea, soy Bea.
-Bien, Bea, yo seré el médico que se encargará como tutor de tu aprendizaje aquí, además de otros internos que ahora conocerás. Acompáñame por favor. Por cierto, soy Fernando, llámame Fer.
Este comienza a caminar dejando que ella lo siga. Tiene un culo perfecto, puede apreciar Bea mientras camina, realmente bonito. Casi sin darse cuenta está al lado de un grupo de internos que se miran unos a otros sin saber, expectantes y sobre todo muy nerviosos. Todos se vuelven hacia ella.
Ella los mira, hay cinco chicos y tres chicas sin contar con ella. Se fija en uno de los chicos que le llama la atención. No es especialmente guapo, alto rubio, de ojos marrones y tez blanquecina, bastante delgado, de hecho no hay nada de su aspecto que llame su atención, pero no puede dejar de mirarlo. Él le sonríe con simpatía Dos de las chicas la saludan con un tímido gesto y los chicos se dedican a recorrerla con la mirada de forma que ellos creen disimulada. Bea se da cuenta. Pero ellos no paran de mirarla, se dan cuenta de lo guapa que es, muy guapa. Uno de ellos musculoso, moreno, aunque no demasiado guapo, atrevido le guiña un ojo.
Fer se da cuenta y decide interrumpir el momento, bastante incómodo.
-Bien chicos, empecemos por favor.
Y en las siguientes horas se dedica a enseñarles, les hace preguntas, resuelve sus dudas, les muestra como trabajar con los pacientes, los supervisa. Siempre amable, disponible para ellos. Poco a poco los internos se van conociendo, trabajan juntos, charlan. Aprenden un arte que ya llevan años estudiando y que aún así, se dan cuenta les es desconocido. Se supone que ayudan a las personas, pero a ellos no se lo parece. En un primer día en el que se dan cuenta de que apenas saben hacer nada, que cosas que creían aprendidas les cuestan, incluso algunos no son capaces de poner un simple catéter. Todo parecen complicaciones, pero Fer los ayuda, los anima. Y se calla que esto es solo el principio, que les esperan pruebas mucho más duras, que aún no ha visto la muerte. La muerte que a diario en el hospital se lleva vidas, de grandes y pequeños, hombres y mujeres. Esa muerte que no hace distinción, que provoca tanto sufrimiento.

Mio

Y después de tanto tiempo, más de un año, él, otra vez él.
- Cris, tenemos que hablar. Hay algo que quiero decirte. Sé que no te lo esperas, que no es lo más adecuado en estas circunstancias, y que seguramente me vas a mandar a la mierda, pero no aguanto más. 
- ¿Qué pasa? Me estás asustando. ¿Estás bien? - Dios, es tan mono. No puede decirse que sea especialmente guapo, pero ella lo quiere, con locura, desde hace un año.
- No, no pasa nada. Es sólo que lo que voy a decirte es de egoísta, de mala persona incluso, pero  tengo tantas ganas de decírtelo.
-Venga, suéltalo, no puede ser tan grave. - Y de pronto una pequeña esperanza. Pero es imposible, él no, no la quiere. No puede ser. No quiere dejar crecer una esperanza porque después sera peor intentar olvidarle de nuevo.
- Dios, es que no es tan fácil.
- Por favor, dilo ya. Odio a la gente que le da tantas vueltas a las cosas. 
-Te quiero.
Todo, nada. Lo que tanto lleva queriendo escuchar, pero no en ese momento, bajo ningún concepto.
-Quizás un poco menos directo hubiera estado bien.
-No quería que me odiaras...
-...
-¿Qué pasa? ¿No vas a decir nada? 
-¿Qué quieres que te diga? No se si sabes que tu novia es mi mejor amiga...
- Solo quiero que me digas si me quieres.
- ¿Y de que serviría? Puedo decirte que te quiero, pero eso no cambiaría nada.
-Si fuera verdad para mi lo cambiaría todo.

martes, 1 de febrero de 2011

Mio

La vida y la muerte. Nacemos, nos reproducimos y morimos, pero ¿es tan fácil como eso? Nuestra vida es lo más preciado que tenemos, lo único que no elegimos tener y lo único que nadie nos puede quitar sin ser considerado un asesino. 
En la vida todo son caminos que nos llevan a la muerte, hagamos lo que hagamos moriremos, no hay salida ni solución posible, pero podemos elegir nuestro camino. Cada pequeña decisión que tomamos día a día marcan nuestro camino. Podemos escoger el más fácil, el más rápido, el más difícil o el más largo. El adecuado, el incorrecto, podemos equivocarnos y volver a empezar, todo es posible, menos huir del final.
Cuando la gente le busca un sentido a la muerte pienso que pierden el tiempo. La muerte es la muerte, que llega siempre, sin distinción de clases, de dinero, de personalidades, ni siquiera de edades ni géneros. Lo único a lo que merece la pena buscarle el sentido es a la vida. A que queremos hacer con nuestra vida, porque es solo nuestra. 
Y ante eso mi respuesta es clara, haz siempre lo que consideres correcto y lo que quieras, siempre y cuando no hagas daño a los demás, intenta hacer siempre lo que te apetezca y no pienses en la muerte, porque sería angustiarte inútilmente con algo inevitable. 
 Solo VIVE.

Mio

Te quiero. 
Dos palabras, ocho letras. Tan anheladas, tan odiadas, tan buscadas  y tan temidas. Son tan solo dos palabras, un pronombre, un verbo. No tienen porque significar nada, de hecho la mayoría de las veces las usamos cómo hipérbole de un sentimiento que ni siquiera sentimos, pero les damos tanta importancia. Esas dos palabras nos pueden alegrar un día gris, pueden hacernos sentirnos queridos, incluso pueden cambiar nuestra vida dichas por la persona adecuada en el momento adecuado. Pero ¿por qué? ¿qué tienen esas dos palabras que tanto nos afectan?
La respuesta es todo. Un te quiero sincero, es como el mar, una puesta de sol, un beso o una flor, o todo junto. Un te quiero es la expresión de amor más sencilla del mundo. Un te quiero es amor.