sábado, 29 de enero de 2011

Mio

Después de perder a alguien importante es cómo si todo me diera vueltas. Cuando me enteré, una simple llamada telefónica y sentir como el suelo se derrumba bajo tus pies, y que no hay nada a lo que puedas agarrarte. Y llorar por toda la casa, dando golpes, y después más calmado poner música triste y llorar aún más ahogándote en el dolor, sin poder salir. Notas que te falta algo. Y sales a la calle, te ventilas. Y ves a la gente reír, andar con prisa, hablar. Ves a la gente pasear alegre, feliz un domingo por las calles de esa ciudad tan bonita y que tanto amas, pero que ahora ves con la turbia cortina de una lágrima en tus ojos. Y piensas que cómo pueden tener la desfachatez de ser felices después de lo que te ha pasado, cómo son capaces de reír, ajenos al dolor que te recorre por dentro. Y después lo piensas, y te sientes estúpida , la gente tiene derecho a ser feliz, y tu también. Y en ese momento es cuando todo cambia de verdad. Y yo, desde ese día empecé a fijarme en cada pequeño detalle. Y no todo es triste, solo hay que esforzarse por verlo, porque pequeños detalles pueden hacernos felices, algo tan simple como que mi hermano me halla hecho un zumo esta mañana, o que este escuchando mi canción preferida, que una amiga me haya llamado o sencillamente que hace un día precioso. Porque por muy mal que vallan las cosas, siempre hay algo bonito, el problema es que necesitamos algo que nos haga darnos cuenta, tú fuiste eso para mí, y te voy a echar muchísimo de menos, gracias por enseñarme a valorar cada pequeño momento. Hasta siempre.

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